Pesares.-
En una vida obsoleta, en un camino intransitable, que desdicha siento cuando tan solo puedo poner mi mirada fija para distraerme de lo que me rodea, tan solo mirarme y crujir los dientes de remordimiento, como tratando de encontrar algo de resignación.
Que infelicidad estoy sintiendo, que tan fuerte puedo ser, que tanto he aguantado, como si se tratara de una prueba de resistencia; tan solo soy humano que necesita de alguien que cuide de el, alguien que simplemente se convierta en su motivo para seguir viviendo.
Que cruel se escuchan los sollozos cantos de las musas que han perdido su poeta, que infelices son las gotas de lluvia cuando no cumplen su propósito y simplemente caen en la tierra, pero que envidia les tengo a aquellas que llegan a acariciar tus mejillas, y que te bautizan llenándote de bendición celestial.
Cuan feliz se sienten las flores cuando te brindan su aroma, bañadas de perfume el cual ungen en tu cuerpo, como una diosa puede ser de esa manera, que con tanta sencillez puedes llegar a ser tan elegante.
Como hacer para que respondas a este Amor que me consume, este inmenso pesar que inmuta mi cuerpo.
Cuan perfectas son las líneas que definen tu silueta, que armoniosas se ven tus curvas y tus ondulaciones, que rítmicas se sienten al bailar esta danza prohibida, la cual te separa de lo terrenal y lo divino.
Que puedo hacer si lo que te puedo ofrecer ya te pertenece, desde una simple rosa hasta mi corazón por completo, tratar de conquistarte con detalles si eres dueña y señora de las constelaciones a las cuales he tratado de robar una de sus estrellas.
Es por tanto que no soy feliz, pues todo lo que te puedo ofrecer no te basta, puesto a que no soy digno de siquiera regalarte una de ellas.
Que alegría he de sentir, si a veces pienso que la sonrisa que me brindas, pueda ser de pena y no de simpatía; tengo todo y lo he echado a perder en una sola mano, ahora tan solo me queda la vida la cual te pido que me regreses si no harás de mí tu servidor imperecedero.
En una vida obsoleta, en un camino intransitable, que desdicha siento cuando tan solo puedo poner mi mirada fija para distraerme de lo que me rodea, tan solo mirarme y crujir los dientes de remordimiento, como tratando de encontrar algo de resignación.
Que infelicidad estoy sintiendo, que tan fuerte puedo ser, que tanto he aguantado, como si se tratara de una prueba de resistencia; tan solo soy humano que necesita de alguien que cuide de el, alguien que simplemente se convierta en su motivo para seguir viviendo.
Que cruel se escuchan los sollozos cantos de las musas que han perdido su poeta, que infelices son las gotas de lluvia cuando no cumplen su propósito y simplemente caen en la tierra, pero que envidia les tengo a aquellas que llegan a acariciar tus mejillas, y que te bautizan llenándote de bendición celestial.
Cuan feliz se sienten las flores cuando te brindan su aroma, bañadas de perfume el cual ungen en tu cuerpo, como una diosa puede ser de esa manera, que con tanta sencillez puedes llegar a ser tan elegante.
Como hacer para que respondas a este Amor que me consume, este inmenso pesar que inmuta mi cuerpo.
Cuan perfectas son las líneas que definen tu silueta, que armoniosas se ven tus curvas y tus ondulaciones, que rítmicas se sienten al bailar esta danza prohibida, la cual te separa de lo terrenal y lo divino.
Que puedo hacer si lo que te puedo ofrecer ya te pertenece, desde una simple rosa hasta mi corazón por completo, tratar de conquistarte con detalles si eres dueña y señora de las constelaciones a las cuales he tratado de robar una de sus estrellas.
Es por tanto que no soy feliz, pues todo lo que te puedo ofrecer no te basta, puesto a que no soy digno de siquiera regalarte una de ellas.
Que alegría he de sentir, si a veces pienso que la sonrisa que me brindas, pueda ser de pena y no de simpatía; tengo todo y lo he echado a perder en una sola mano, ahora tan solo me queda la vida la cual te pido que me regreses si no harás de mí tu servidor imperecedero.


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