Aquellas Olas.-
Te alejas lentamente, al compás de las olas que te dirigen poco a poco a océano infinito, tan sutil, tan calmadamente.
Yo por otra parte trato de no quitarte la vista, deseando que tu frágil barca no se vaya a pique o quede varada en algún puerto desconocido, implorándole al dios Neptuno que cuide tu ruta y que te lleve sin percance alguno a un lugar seguro y tranquilo.
Que tu navío no quede a expensas de los piratas que se creen dueños de los siete mares, que no haya olas y que las gaviotas tracen tu sendero sin brújula y sin ruta.
Navega en aquellas olas, vete tranquila; siente el silencio de las aguas; que sirenas y tritones te sirvan de ayuda para pensar a lo lejos de tu sendero, sin tener presente en tu corazón que un día partiste de este viejo puerto sin querer retornar otra vez.
Mientras yo trataré de observar las olas que un día te llevaron lejos de mí, pidiéndoles a ellas que te devuelvan a esta orilla de la cual una vez te vi partir.
Recuerda siempre que guardaré estos restos del naufragio que han quedado esparcidos dentro de mi alma, que siempre a algún navegante que recorra esta agua les preguntaré por ti; sabiendo muy adentro que no tendrán respuestas para mí, ni noticias de una linda marinera que un día zarpó desde aquí llevando consigo tan solo una barca y una lagrima en su mejilla.
No concibo saber el porque se me hace tan difícil dejar esta playa tan solitaria, porque cada mañana recorro estas orillas pateando los caracoles, coleccionando pedazos de piedras extrañas y escuchando el sonido del mar mediante una concha, porque le temo tanto al mar, porque la pregunta diaria de que si algún día seré capaz de partir en tu búsqueda y convencerte de que no tiene sentido un viaje solitario en búsqueda de felicidad, donde podemos ser felices juntos.
No me queda mas que la tristeza y la resignación; no me queda más que pedir que desistas en seguir navegando, no me queda más que levantar este faro con la ilusión de que te guiará hasta mí.
No me queda mas que la esperanza de volverte a ver, abrazarte fuerte y besar tus labios buscando apagar esta sed y quitar este molestoso sabor a salitre de los míos, tratar de no resignarme a que quizás te he perdido, de que talvez ya has encontrado otra persona en las orillas de alguna playa solitaria igual que yo.
Pienso en la suerte que tendrá aquel que logre fungir sus labios dentro de los tuyos y a la vez siento tristeza de aquel que se quede esperando tu regreso en las orillas del mar, viéndote partir llevando contigo tan solo una barca y una lagrima en la mejilla.
Te alejas lentamente, al compás de las olas que te dirigen poco a poco a océano infinito, tan sutil, tan calmadamente.
Yo por otra parte trato de no quitarte la vista, deseando que tu frágil barca no se vaya a pique o quede varada en algún puerto desconocido, implorándole al dios Neptuno que cuide tu ruta y que te lleve sin percance alguno a un lugar seguro y tranquilo.
Que tu navío no quede a expensas de los piratas que se creen dueños de los siete mares, que no haya olas y que las gaviotas tracen tu sendero sin brújula y sin ruta.
Navega en aquellas olas, vete tranquila; siente el silencio de las aguas; que sirenas y tritones te sirvan de ayuda para pensar a lo lejos de tu sendero, sin tener presente en tu corazón que un día partiste de este viejo puerto sin querer retornar otra vez.
Mientras yo trataré de observar las olas que un día te llevaron lejos de mí, pidiéndoles a ellas que te devuelvan a esta orilla de la cual una vez te vi partir.
Recuerda siempre que guardaré estos restos del naufragio que han quedado esparcidos dentro de mi alma, que siempre a algún navegante que recorra esta agua les preguntaré por ti; sabiendo muy adentro que no tendrán respuestas para mí, ni noticias de una linda marinera que un día zarpó desde aquí llevando consigo tan solo una barca y una lagrima en su mejilla.
No concibo saber el porque se me hace tan difícil dejar esta playa tan solitaria, porque cada mañana recorro estas orillas pateando los caracoles, coleccionando pedazos de piedras extrañas y escuchando el sonido del mar mediante una concha, porque le temo tanto al mar, porque la pregunta diaria de que si algún día seré capaz de partir en tu búsqueda y convencerte de que no tiene sentido un viaje solitario en búsqueda de felicidad, donde podemos ser felices juntos.
No me queda mas que la tristeza y la resignación; no me queda más que pedir que desistas en seguir navegando, no me queda más que levantar este faro con la ilusión de que te guiará hasta mí.
No me queda mas que la esperanza de volverte a ver, abrazarte fuerte y besar tus labios buscando apagar esta sed y quitar este molestoso sabor a salitre de los míos, tratar de no resignarme a que quizás te he perdido, de que talvez ya has encontrado otra persona en las orillas de alguna playa solitaria igual que yo.
Pienso en la suerte que tendrá aquel que logre fungir sus labios dentro de los tuyos y a la vez siento tristeza de aquel que se quede esperando tu regreso en las orillas del mar, viéndote partir llevando contigo tan solo una barca y una lagrima en la mejilla.


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